Cargar el teléfono debería ser algo automático y seguro, pero muchas veces, por ignorancia, la acción se convierte en una ruleta rusa para la batería del aparato o incluso el mismo hogar. Aunque los teléfonos modernos son increíblemente inteligentes y tienen mil sistemas de protección, cometer ciertos errores típicos sí puede convertir la carga en un riesgo. Principalmente degradando la batería por completo o, en casos extremos, provocar un gran susto con el calor excesivo que por algún descuido se generó.

Ese, una alta temperatura, es el enemigo número uno de las baterías de litio. Al cargar el teléfono se genera temperatura de por sí, pero si se suman factores externos, la batería se degrada rapidísimo. Por ello es que es un pecado cargarlo bajo la almohada o en la cama porque las sábanas y colchones atrapan el calor. Si el teléfono no puede disiparlo, se calentará en exceso. 

Las fundas gruesas de plástico grueso o imitación piel actúan como un abrigo térmico, más que como una protección. De usarlas, hay que prestar atención para quitarlas si se percibe que se queman.

Sin extremos

Hay que tener en cuenta que, a diferencia de las baterías antiguas, las de litio sufren más cuando están en los extremos: o muy cargadas o sin carga. El rango saludable para prolongar la vida útil de la batería es mantenerla entre el 20% y el 80%.

Los cables y cargadores también implican seguridad por ello, aunque parezcan exageradas, hay medidas necesarias. No hace falta comprar el cargador oficial de la marca del teléfono, pero sí hay que evitar los cargadores genéricos de procedencia dudosa que venden en la calle por monedas. Los cargadores de mala calidad no tienen reguladores de voltaje estables. Un pico de tensión en casa puede freír el circuito de carga del teléfono y dejarlo inutilizable.

Algunos advierten que es malo dejar cargando el celular toda la noche. En realidad el "pero" tiene que ver con que cuando la carga baja al 99%, el cargador vuelve a activarse para subirlo al 100%. 

Este micro-ciclo constante durante 8 horas genera un ligero desgaste. Casi todos los celulares actuales tienen una opción llamada "Carga optimizada" o "Protección de la batería" en los ajustes. Al activarla, el teléfono carga hasta el 80% toda la noche y solo sube al 100% una hora antes de despertar.

El “boom” atípico

Cuando escuchamos que un celular "explotó", en realidad lo que ocurrió fue un fallo químico y físico en su batería de iones de litio. Aunque es algo extremadamente raro pasa en menos de una entre un millón, cuando sucede es impactante. Una zona de la batería se calienta demasiado, ese calor acelera las reacciones químicas internas, lo que genera todavía más calor, hasta que la batería ya no puede contener la presión y se incendia o explota en cuestión de segundos.

Entre las razones por las que se llega está el calor externo extremo. El descuido mayor es dejar el celular al sol directo sobre el tablero del auto en pleno verano. El umbral límite es de los 60°C o 70°C, los componentes químicos empiezan a descomponerse por sí solos, iniciando el peligroso efecto dominó que invade todo el aparato.

El mecánico por golpes o perforaciones es también el motivo de explosión más común. Si el teléfono se cae muy fuerte o se dobla, las delgadas capas internas que separan el polo positivo del negativo de la batería se rompen. Al tocarse entre sí, provocan un cortocircuito interno inmediato. Toda la energía acumulada se libera de golpe en un solo punto, generando fuego.

Un buen cable, no tapar con mantas mientras se realiza la carga y evitar que se descargue por completo todos los días son buenos pasos para que recargar el teléfono no sea una actividad de riesgo.